EL CORAN Y LA CIENCIA MODERNA
I. EL CORAN Y LA CIENCIA MODERNA
La asociación entre el Corán y la ciencia es a priori una sorpresa, especialmente debido a que se trata de una armonía, no de una discordia. Una confrontación entre un libro religioso y las ideas seculares proclamadas por la ciencia es quizás, a los ojos de muchas gentes de hoy en día, algo paradójico. La mayoría de los científicos actuales, por supuesto con un pequeño número de excepciones, ciertamente están limitados a teorías materialistas, y tienen sólo indiferencia o desprecio por cuestiones religiosas, las cuales ellos consideran que están basadas en leyendas. En Occidente más aún, cuando se discute sobre ciencia y religión, las gentes están bastante dispuestas a mencionar al judaísmo y al cristianismo entre las religiones a las que se refieren, pero difícilmente piensan siquiera en el Islam. Tantos juicios falsos basados en ideas inexactas han sido hechos acerca de dicha religión, que hoy es muy difícil formar una noción exacta de la realidad del Islam.
Como un preludio a cualquier confrontación entre la Revelación Islámica y la ciencia, parecería esencial que se dé un bosquejo de una religión que es tan poco conocida en Occidente.
Las afirmaciones completamente erróneas hechas acerca del Islam en Occidente son aveces el resultado de la ignorancia, y a veces de una denigración sistemática. La más seria de todas las falsedades dichas acerca del Islam es en lo que se refiere a hechos, ya que mientras que las opiniones equivocadas son excusables, la presentación de hechos que van en contra de la realidad no lo es. Es inquietante leer falsedades brutales en obras eminentemente respetables escritas por autores que a priori están altamente calificados. El siguiente es un ejemplo tomado de la "Universalis Ecyclopedia, vol. 6. Bajo el encabezado de "Evangelios" (Evangiles) el autor se refiere indirectamente a las diferencias entre éstos y el Corán: «Los evangelistas... no claman, como en el Corán,transmitir una autobiografía que Dios milagrosamente dictó a su Profeta...». En realidad, el Corán nada tiene que ver con una autobiografía: es una predicación; una consulta de incluso la peor traducción habría aclarado eso al autor del comentario. Esta afirmación es tan lejana de la realidad como lo es el dar la definición de un Evangelio como un relato de la vida de un evangelista. ¡La persona responsable de esta falsedad acerca del Corán es un profesor de la Facultad Jesuíta de Teología de Lyon! El hecho de que la gente repita tales falsedades ayuda a dar una falsa impresión del Corán y el Islam.
Hoy hay esperanza porque las religiones ya no son tan introvertidas como lo eran y muchas de ellas están buscando entendimiento mutuo. Uno ciertamente debe impresionarse al conocer el hecho de que se han realizado intentos en el más alto nivel de la jerarquía de los católicos romanos para establecer contacto con musulmanes; están tratando de luchar contra la incomprensión y están haciendo su mayor esfuerzopara cambiar los puntos de vista inexactos acerca del Islam que están tan ampliamente extendidos. En la Introducción a esta obra, mencioné el gran cambio que se ha llevado a cabo en los últimos años y cité un documento producido por la Oficina de Asuntos No-Cristianos del Vaticano con el título "Orientaciones para un Diálogo entre Cristianos yMusulmanes" (Orientations pour un dialogue entre chrétiens et musulmans). Es un documento muy importante ya que muestra la nueva posición adoptada hacia el Islam.Como leemos en la 3a edición de ese estudio (1970), esta nueva posición pide «una revisión de nuestra actitud hacia él y un examen crítico de nuestros prejuicios... Debemos borrar la imagen obsoleta heredada del pasado, o distorsionada por el prejuicio y la calumnia... y reconocer la pasada injusticia hacia los musulmanes de la cual el Occidente, con su educación cristiana, es el culpable». El documento vaticano tiene cerca de 150 páginas. Se explaya acerca de la refutación de los puntos de vista clásicos mantenidos por los cristianos con respecto al Islam y establece la realidad.
Bajo el título "Liberándonos de nuestros peores prejuicios" (Nous líber er de nospréjugés les plus notables) los autores dirigen las siguientes sugerencias a los cristianos: «Aquí también, debemos someter nuestra actitud a una profunda purificación. En particular, lo que esto quiere decir son ciertos 'juicios preestablecidos'que se hacen demasiado frecuentemente y demasiado ligeramente acerca del Islam. Es esencial no cultivar en lo oculto de nuestros corazones tales puntos de vista, a los que se llega demasiado fácilmente o arbitrariamente, y que el musulmán sincero encuentra desconcertantes».
Una idea de este tipo sumamente importante es la actitud que lleva a la gente a usar repetidamente el término "Alá" para dar a entender el Dios de los musulmanes, como si los musulmanes creyesen en un Dios diferente al Dios de los cristianos. Al-láh significa 'la Deidad' en árabe: es un solo Dios, implicando que una transcripción correcta puede solamente dar el significado exacto de la palabra con la ayuda de la expresión 'Dios'. Para el musulmán, Al-láh no es otro sino el Dios de Moisés y Jesús.
El documento producido por la Oficina de Asuntos No-Cristianos del Vaticano enfatiza este punto fundamental en los siguientes términos: «Resulta inútil mantenerque Allah no es realmente Dios, ¡como lo mantienen ciertas gentes en el Occidente! Los documentos conciliares han puesto en su lugar la aseveración anterior. No hay mejor manera de ilustrar la fe islámica en Dios que citando los siguientes extractos de Lumen Gentium: "Los musulmanes profesan la fe de Abraham y adoran con nosotros al Único y Misericordioso Dios, el cual es el futuro juez de los hombres en el Día del Juicio...».
Uno puede por lo tanto entender la protesta de los musulmanes a la costumbre demasiado frecuente en los idiomas europeos de decir Allah en vez de 'Dios'... Los musulmanes educados han elogiado la traducción al francés de D.Masson del Corán por haber "por fin" escrito 'Dieu' en vez de Allah.
El documento vaticano señala lo siguiente: «Allah es la única palabra que tienen los cristianos arábigo-parlantes para nombrar a Dios».
Los musulmanes y los cristianos adoran un solo Dios.
El documento vaticano luego emprende un examen crítico de los otros juicios falsos hechos acerca del Islam.
El 'fatalismo Islámico' es un prejuicio ampliamente difundido; el documento examina esto y citando al Corán para apoyarse, pone en oposición a esto la noción de la responsabilidad que tiene el hombre, el cual va a ser juzgado por sus acciones. Muestra que el concepto de un legalismo Islámico es falso; por el contrario, opone a esto la sinceridad de la fe citando dos frases del Corán que son muy malentendidas en el Occidente:
"No hay compulsión en la religión"
[Corán 2,256 (sura 2, verso 256)]
"Dios no os ha impuesto ninguna dificultad en la religión "
[Corán 22,78]
El documento opone la noción ampliamente difundida de 'Islam, religión de temor' a 'Islam, religión de amor' - el amor al prójimo basado en la fe de Dios. Refuta la noción falsamente diseminada de que la moralidad musulmana casi no existe y la otra noción, compartida por tantos judíos y cristianos, del fanatismo Islámico. Hace el siguiente comentario acerca de ello: «En realidad, el Islam difícilmente fue más fanático durante su historia que los baluartes sagrados del cristianismo siempre que la fe cristiana tenía, como sucedió, el poder político». En este punto, los autores citan expresiones del Corán que muestran cómo, en el Occidente, la expresión 'GuerraSanta' ha sido mal traducida; «En árabe es Aiyihádfi sabil Allah, el esfuerzo en el camino de Dios, el esfuerzo para extender el Islam y defenderlo contra sus agresores». El documento vaticano continúa como sigue: «la yihád no es en lo absoluto la Kherem bíblica; no lleva a la exterminación, sino a extender los derechos de Dios y el hombre anuevas tierras... La violencia pasada de la yihád generalmente siguió las reglas de guerra; al tiempo de las Cruzadas incluso, no fueron los musulmanes quienes perpetraron las peores matanzas».
Finalmente, el documento trata acerca del prejuicio según el cual «el Islam es una religión obstinada que mantiene a sus seguidores en una clase de Edad Media anticuada, incapacitándolos para adaptarse a las conquistas técnicas de la era moderna». Compara situaciones análogas observadas en países cristianos y establecelo siguiente: «encontramos... en la expansión tradicional del pensamiento musulmán, un principio de posible evolución en una sociedad civil».
Estoy seguro que esta defensa del Islam por el Vaticano sorprenderá a muchos creyentes hoy, ya sean musulmanes, judíos o cristianos Es un demostración de sinceridad y apertura de criterio que está singularmente en contraste con las actitudes heredadas del pasado. El número de personas en el Occidente que están conscientes de las nuevas actitudes adoptadas por las más altas autoridades de la Iglesia Católica es sin embargo muy pequeño. Una vez que uno está consciente de este hecho, resulta menos sorprendente saber acerca de las acciones que sellaron esta reconciliación primeramente, estuvo la visita oficial hecha por el Presidente de la Oficina de Asuntos No-Cristianos del Vaticano al Rey Faisal de Arabia Saudita-luego la recepción oficial dada por el papa Paulo VI a los Grandes Ulema de Arabia Saudita durante 1974. En adelante, uno entiende más claramente la significancia espiritual del hecho de que Su Ilustrísima el Obispo Elchinger recibiese a los Grandes Ulema en su catedral de Estrasburgo y los invitase durante su visita a rezar en el coro. Ellos lo hicieron ante el altar, volteados hacia La Meca.
Así los representantes del mundo musulmán y el cristiano en sus más altos niveles, que comparten una fe en el mismo Dios y un respeto mutuo por sus diferencias de opinión, han accedido a abrir un diálogo. Siendo esto así, seguramente es bastante natural que otros aspectos de cada Revelación respectiva sean confrontados. El tema de esta confrontación es el examen de las Escrituras bajo la luz de datos y conocimiento científicos acerca de la autenticidad de los textos. Este examen va a ser efectuado para el Corán como lo fue para la Revelación Judeo-cristiana.
La relación entre las religiones y la ciencia no siempre ha sido la misma en cualquier lugar o época. Es un hecho que no hay ningún escrito perteneciente a una religión monoteísta que condene a la ciencia. En la práctica sin embargo, debe admitirse que los científicos han tenido graves dificultades con las autoridades religiosas de ciertos credos. Por muchos siglos, en el mundo cristiano, el desarrollo científico fue opuesto por las autoridades en cuestión, por su propia iniciativa y sin referencia a las Escrituras auténticas. Ya sabemos de las medidas tomadas contra quienes buscaban engrandecer la ciencia, medidas que frecuentemente hicieron que algunos científicos se fueran al exilio para evitar ser quemados, a menos que se retractasen, cambiasen su actitud y rogasen perdón. El caso de Galileo siempre se cita en este contexto: él fue juzgado por haber continuado los descubrimientos hechos por Copérnico acerca de la rotación de la Tierra. Galileo fue condenado como resultado de una interpretación errónea de la Biblia, ya que ni una sola cita de la Escritura pudo ser usada razonablemente contra él.
En el caso del Islam, la actitud hacia la ciencia fue, generalmente hablando, bastante diferente. Nada podía ser más claro que el famoso hadith [N. del T.: hadith significa dicho, en árabe] del Profeta: «Busca el conocimiento, aún en China», o el otro hadith que dice que la búsqueda del conocimiento es un deber para todo musulmán o musulmana. Como veremos más adelante en esta sección, otro hecho crucial es que el Corán, al invitamos a cultivar la ciencia, contiene muchas observaciones acerca de fenómenos naturales e incluye detalles explicativos que se ha visto que están en completa concordancia con los datos científicos modernos. No hay cosa igual a esto en la Revelación Judeo-cristiana.
No obstante sería erróneo imaginar que, en la historia del Islam ciertos creyentes nunca hayan tenido una actitud diferente hacia la ciencia. Es un hecho que, en ciertos períodos, la obligación de educarse y educar a los demás fue bastante descuidada. Es igualmente cierto que en el mundo musulmán, como en otras partes, a veces se llegó a tratar de detener el desarrollo científico. De todas maneras, se recordará que en la cumbre del Islam, entre los siglos VIII y XII después de Cristo, o sea en la época en que las restricciones al desarrollo científico estaban enforzadas en el mundo cristiano, un número muy grande de estudios y descubrimientos se hacían en las universidades Islámicas. Era allí donde se encontraban los admirables recursos culturales de la época. La biblioteca del Califa de Córdoba contenía 400,000 volúmenes. Averróes enseñaba allí, y las ciencias griegas, indias y persas eran impartidas. Esto es por lo que los sabios de toda Europa iban a estudiar a Córdoba, tal como hoy la gente va a los Estados Unidos a perfeccionar sus estudios. Un número muy grande de manuscritos antiguos han llegado a nosotros gracias a los árabes cultos que actuaron como vehículo para la cultura de los países conquistados. Estamos también en gran deuda con la cultura árabe por las matemáticas (el álgebra fue un invento árabe), astronomía, física (óptica), geología, botánica, medicina (Avicena), etc.
Por primera vez, la ciencia adquirió un carácter internacional en las universidades Islámicas de la Edad Media. En ese tiempo, los hombres eran más firmes en su espíritu religioso de lo que son hoy; pero en el mundo Islámico, esto no evitó que fueran ambas cosas: creyentes y científicos. La ciencia era la hermana gemela de la religión y nunca debería haber dejado de serlo.
El período medieval fue, para el mundo cristiano, una época de estancamiento y absoluto conformismo. Debe enfatizarse que la investigación científica no fue retardada por la Revelación Judeo-cristiana misma, sino más bien por aquellas personas que afirmaban ser sus servidores. Enseguida del Renacimiento, la reacción natural de los científicos fue vengarse de sus anteriores enemigos; esta venganza aún continúa hoy, en tal magnitud ciertamente que en Occidente, cualquiera que hable de Dios en círculos científicos realmente queda apartado. Esta actitud afecta el pensamiento de todos los jóvenes que reciben una educación universitaria, incluyendo a los musulmanes.
Su pensamiento difícilmente podría ser distinto de lo que es considerando las posiciones extremas adoptadas por los más eminentes científicos. Un ganador del premio Nobel de Medicina ha tratado en los últimos años de persuadir a la gente por medio de un libro dedicado a publicación masiva, de que la materia viva pudo crearse a sí misma por azar a partir de varios componentes básicos. Empezando, él dice, con esta primitiva materia viviente, y bajo la influencia de varias circunstancias externas, los seres vivos organizados se formaron, resultando en el ser formidablemente complejo que constituye al hombre.
Seguramente estas maravillas de conocimiento científico contemporáneo en el campo de la vida deberían llevar a cualquier persona pensante a la conclusión opuesta. La organización que gobierna el nacimiento y el mantenimiento de la vida seguramente parece más y más complicada al estudiarla: entre más detalles uno conoce, obliga a mayor admiración. Un conocimiento mayor hace menos y menos probable el papel que el azar tiene que representar en el fenómeno de la vida. Entre más avanza uno por el camino del conocimiento, especialmente de lo infinitamente pequeño, son más elocuentes los argumentos en favor de la existencia de un Creador. En vez de llenarse de humildad a la vista de tales hechos, el hombre se llena de arrogancia. El se burla de cualquier noción de Dios, de la misma forma que él envilece todo lo que lo aparte de su placer y diversión. Ésa es la imagen de la sociedad materialista que se está expandiendo actualmente en el Occidente.
¿Qué fuerzas espirituales pueden ser usadas para oponerse a esta contaminación del
pensamiento practicada por muchos científicos contemporáneos?
El Judaismo y el Cristianismo no oculta su incapacidad para enfrentarse a la ola de materialismo y a la invasión del Occidente por el ateísmo. Pero ambos son tomados desprevenidos por completo, y de una década a la siguiente uno puede ver con seguridad lo seriamente que su resistencia disminuye contra esa ola que amenaza con barrer todo y arrasarlo. El ateo materialista no ve en el Cristianismo clásico más que un sistema construido por hombres durante los últimos 2,000 años y diseñado para asegurar la autoridad de una minoría sobre sus semejantes. Él es incapaz de encontraren escritos judeo-cristianos un lenguaje que siquiera sea vagamente similar al suyo propio; ellos contienen tantas improbabilidades, contradicciones e incompatibilidades con datos científicos modernos, que él se niega a tomar en cuenta textos que la vasta mayoría de los teólogos quieren ver aceptados como un todo inseparable.
Cuando uno menciona el Islam al ateo materialista, él sonríe con una condescendencia que es sólo igual a su ignorancia acerca del tema. En común con la mayoría de los intelectuales occidentales, de cualquier presuasión religiosa, él tiene una colección impresionante de nociones falsas acerca del Islam.
Uno debe, en este punto, concederle una o dos excusas: En primer lugar, aparte de las recién adoptada actitudes prevalentes entre las más altas autoridades católicas, el Islam siempre ha estado sometido en Occidente a una 'calumnia secular'. Cualquier persona en Occidente que haya adquirido un conocimiento profundo del Islam sabe hasta qué punto su historia, dogma y objetivos han sido distorsionados. Uno también debe tomar en cuenta el hecho de que los documentos publicados en idiomas europeos sobre este tema (haciendo a un lado los estudios altamente especializados) no facilitan en absoluto la labor de la persona que desea aprender.
Un conocimiento de la Revelación Islámica es ciertamente fundamental desde este punto de vista. Desafortunadamente, los pasajes del Corán, especialmente los que se refieren a datos científicos, están mal traducidos e interpretados, así que el científico tiene todo el derecho a hacer críticas - con justificación aparente - que el Libro en realidad no merece. Este detalle es digno de mención de aquí en adelante: las inexactitudes en traducción o los comentarios erróneos (generalmente asociados entre sí), que no habrían sorprendido a nadie hace uno o dos siglos, ofenden a los científicos de hoy.' Al enfrentarse con una frase mal traducida que contiene un postulado científicamente inaceptable, el científico deja de tomar en serio la frase en cuestión. En el capítulo sobre la reproducción humana, se dará un ejemplo típico de este tipo de error. ¿Por qué existen tales errores de traducción? Ellos pueden ser explicados por el hecho de que los traductores modernos frecuentemente reanudan, bastante indiscriminadamente, las interpretaciones dadas por comentaristas anteriores. En su tiempo, éstos últimos tenían una excusa para dar una definición inadecuada para una palabra árabe que tuviese varios significados posibles: ellos posiblemente no podrían haber entendido el verdadero sentido de la palabra o frase el cual se ha vuelto claro en la época actual gracias al conocimiento científico. En otras palabras, surge el problemade la necesidad de revisión de las traducciones y los comentarios. No era posible hacer esto en un cierto período del pasado, pero hoy en día tenemos conocimiento que nos permite traducir su verdadero sentido. Estos problemas de traducción no sepresentan en los textos de la Revelación Judeo-cristiana: el caso descrito aquí es absolutamente único del Corán.
Estas consideraciones científicas, que son muy específicas del Corán, me sorprendieron grandemente al principio. Hasta entonces, no había pensado que fuese posible encontrar tantas afirmaciones en un texto compilado hace más de 13 siglos relativas a temas sumamente diversos y manteniéndose en armonía con el conocimiento científico moderno. Al principio, no tenía fe en absoluto en el Islam. Yo empecé este examen de los textos con una mente completamente abierta y una objetividad total. Si hubiese alguna influencia que actuara sobre mí, venía de lo que yo había aprendido en mi juventud; la gente no hablaba de los musulmanes, sino de'mahometanos', para dar a entender muy claramente que era una religión fundada por un hombre y que por lo tanto no podía tener ningún valor en términos de Dios. Como muchos en Occidente, pude haberme quedado con tales nociones falsas acerca del Islam; ellas están tan ampliamente extendidas hoy, que ciertamente me asombro cuando me encuentro a alguien, que no sea un especialista, que pueda hablar en una forma inteligente sobre este tema. Por lo tanto admito que antes de recibir una visión del Islam diferente de la recibida en Occidente, yo era sumamente ignorante.
Debo el hecho de haber podido darme cuenta de la naturaleza falsa de los juicios que generalmente se hacen acerca del Islam a circunstancias excepcionales. Fue en Arabia Saudita donde se me dio una insinuación de la magnitud en que las opiniones mantenidas en el Occidente sobre este tema están expuestas al error.
La deuda de gratitud la tengo para con el fallecido rey Faisal, cuya memoria saludo con el más profundo respeto, y es ciertamente muy grande: el hecho de que se me haya concedido el honor de escucharlo hablar sobre el Islam y de haber podido discutir con él ciertos problemas relativos a la interpretación del Corán en relación a la ciencia moderna es un recuerdo muy estimado. Fue un privilegio sumamente grande para mí haber reunido tanta información valiosa personalmente de él y de quienes lo rodeaban.
Ya que ahora había visto el ancho espacio que separa la realidad del Islam de la imagen que tenemos de él en el Occidente, sentí una gran necesidad de aprender árabe (que yo no hablaba) para estar suficientemente bien equipado para progresar en el estudio de dicha religión malentendida. Mi primera meta fue leer el Corán y hacer un análisis frase por frase con la ayuda de varios comentarios esenciales para un estudio crítico. Mi método fue dar atención especial a la descripción de numerosos fenómenos naturales dada en el Corán; la naturaleza altamente exacta de ciertos detalles referentes a ellos en el Libro, que era aparente sólo en el original, me impactó por el hecho de que estaban de acuerdo con las ideas de hoy en día, aunque un hombres que hubiese vivido en la época de Muhammad no podría haber sospechado esto en lo absoluto. Subsecuentemente leí varias obras escritas por autores musulmanes sobre los aspectos científicos del texto Coránico: éstas fueron sumamente útiles en mi apreciación de él, pero hasta entonces no había descubierto ningún estudio general de este tema hecho en Occidente.
Lo que impacta inicialmente al lector confrontado por primera vez con un texto de este tipo es la gran abundancia de temas discutidos: la Creación, astronomía, la explicación de ciertos aspectos concernientes a la Tierra, los reinos animal y vegetal, y la reproducción humana. Mientras que en la Biblia se encuentran errores monumentales, yo no pude encontrar un solo error en el Corán. Tuve que detenermey preguntarme: Si un hombre fue el autor del Corán, ¿cómo pudo haber escrito en el siglo VII hechos que hoy se ha mostrado que concuerdan con el conocimiento científico moderno? No había absolutamente ninguna duda acerca de ello: el texto del Corán que tenemos hoy es definitivamente un texto del período, si se me permite ponerlo en estos términos (en el siguiente capítulo de esta sección del libro trataré de este problema). ¿Qué explicación humana puede haber para esta observación? En mi opinión no hay explicación; no hay razón especial por la que un habitante de la Península Arábiga debiese, en el tiempo cuando el rey Dagoberto reinaba en Francia (629-639 después de Cristo), haber tenido conocimiento científico sobre ciertos temas que estaba diez siglos adelante del nuestro.
Es un hecho establecido que en la época de la Revelación Coránica, es decir dentro de un período de aproximadamente 10 años antes y 10 años después de la Égira (622 después de Cristo), el conocimiento científico no había progresado por siglos y el período de actividad en la civilización Islámica, acompañada de su surgimiento científico, vino después de la conclusión de la Revelación Coránica. Solamente la ignorancia de dichos datos religiosos y seculares puede conducir a la siguiente sugerencia bizarra que he escuchado varias veces: «sí hay afirmaciones sorprendentesde naturaleza científica existentes en el Corán, puede deberse al hecho de que loscientíficos árabes estaban muy adelantados para su época y Muhammad estuvo influenciado por su obra». Cualquiera que sepa algo de historia Islámica está consciente de que el período de la Edad Media que vio el surgimiento cultural y científico del mundo árabe vino después de Muhammad y por lo tanto no se entretendrá en tales fantasías. Las sugerencias de ese tipo quedan invalidadas por el hecho de que la mayoría de los hechos científicos que son sugeridos o muy claramente registrados en el Corán no habían sido confirmados sino hasta los tiempos modernos.
Es fácil ver por lo tanto cómo durante siglos los comentadores del Corán (incluyendo a los que escribían en el apogeo de la cultura Islámica) inevitablemente han cometido errores de interpretación en el caso de ciertos versos cuyo significado exacto no podía haber sido captado entonces. No fue sino hasta mucho después, en un período no lejano al nuestro, que fue posible traducirlos e interpretarlos correctamente. Esto implica que un conocimiento lingüístico no es por sí mismo suficiente para entender esos versos del Corán. Lo que se necesita además de ello es un conocimiento de la ciencia altamente diversificado. Un estudio tal como el presente abarca muchas disciplinas y es enciclopédico. Al ir discutiendo los puntos que surgen, se volveráclara la variedad de conocimiento científico esencial para entender ciertos versos del Corán.
El Corán, sin embargo, un Libro que tiene el objetivo de explicar ciertas leyes que gobiernan el Universo; tiene un objetivo básico absolutamente religioso. Las descripciones de la Ominipotencia Divina son lo que principalmente incita al hombrea reflexionar acerca de las obras de la creación. Están acompañadas de referencias a hechos accesibles a la observación humana o a leyes definidas por Dios El cual gobierna la organización del Universo tanto en las ciencias de la naturaleza como en lo que al hombre se refiere. Una parte de estas afirmaciones se entiende fácilmente, pero el significado de la otra solamente puede ser captado si uno tiene el conocimiento científico esencial que requiere. Esto significa que anteriormente, el hombre pudo distinguir solamente un significado aparente que lo llevó a sacar las conclusiones equivocadas por causa de lo poco adecuado de su conocimiento en ese tiempo.
Es posible que la elección de versos del Corán que van a ser estudiados por su contenido científico pueda quizás parecer demasiado pequeña a ciertos escritores musulmanes, que ya han llamado la atención hacia ellos antes que yo. En general, creo que he retenido un número menor de versos que los que ellos han mencionado. Por otra parte, he destacado varios versos a los que hasta ahora, en mi opinión, no se les había dado la importancia que merecen desde un punto de vista científico. Cuando por error haya dejado de considerar versos para este estudio que hayan sido elegidos por dichos escritores, espero que ellos no lo tomarán en mi contra. También he encontrado, a mi vez, que ciertos libros contienen interpretaciones científicas que no me parece que sean correctas; es con una mente abierta y una conciencia clara que yo he proporcionado interpretaciones personales de ellos.
Por lo mismo, he tratado de encontrar referencias en el Corán a fenómenos accesibles a la comprensión humana pero que no han sido confirmados por la ciencia moderna. En este contexto, creo que puedo haber encontrado referencias en el Corán a la presencia de planetas en el Universo que son similares a la Tierra. Debe añadirse que muchos científicos creen que éste es un hecho perfectamente factible, aunque los datos modernos no pueden proporcionar ninguna indicación con certeza. Yo creo que me debo el mencionar esto, y al mismo tiempo guardando todas las reservas necesarias.
Si este estudio hubiese sido hecho hace 30 años, otro hecho predicho por el Corán hubiera tenido que ser añadido a lo que habría sido citado concerniente a la astronomía; este hecho es la conquista del espacio. En ese tiempo, subsecuente a los primeros intentos de misiles balísticos, la gente imaginaba un día cuando el hombre quizás tendría la posibilidad material de dejar su hábitat terrestre y explorar el espacio. Entonces se habría sabido que existe un verso en el Corán prediciendo cómo un día el hombre haría esta conquista. Dicha afirmación ha sido verificada.
La presente confrontación entre la Sagrada Escritura y la ciencia trae ideas a escena, tanto para la Biblia como para el Corán, relativas a la verdad científica. Para que esta confrontación sea válida, los argumentos científicos sobre los que se base deben estar establecidos muy sólidamente y no deben dejar lugar a dudas. Aquéllos que reparan ante la idea de aceptar la intervención de la ciencia en una apreciación de las Escrituras niegan que sea posible que la ciencia constituya un término válido de comparación (ya sea la Biblia, que no sale bien librada de la comparación - y ya hemos visto por qué - o el Corán, que no tiene nada que temer de la ciencia): la ciencia, se dice, cambia con los tiempos y un hecho aceptado hoy puede ser rechazado más tarde.
Este último comentario invita a la siguiente observación: debe hacerse una distinción entre teoría científica y hecho observado debidamente comprobado. La teoría se pone para explicar un fenómeno o una serie de fenómenos no entendibles fácilmente. En muchos casos la teoría cambia: está expuesta a ser modificada o remplazada por otra teoría cuando el progreso científico hace más fácil analizar los hechos y vislumbrar una explicación más viable. Por otra parte, un hecho observado verificado por la experimentación no está expuesto a modificación: se vuelve más fácil definir sus características, pero él permanece igual. Ha sido establecido que la Tierra gira alrededor del Sol y que la Luna gira alrededor de la Tierra, y este hecho no estará sujeto a revisión; todo lo que podría hacerse en el futuro sería definir sus órbitas más claramente.
Una consideración de la naturaleza cambiante de la teoría es, por ejemplo, lo que me hizo rechazar la interpretación de un verso del Corán hecha por un físico musulmán diciendo que predice el concepto de antimateria, una teoría que actualmente es tema de mucho debate. Uno puede, por otra parte, bastante legítimamente dedicar gran atención a un verso del Corán que describe los orígenes acuáticos de la vida, un fenómeno que nunca podremos verificar, pero que tiene muchos argumentos que hablan en favor suyo. En cuanto a hechos observados tales como la evolución del embrión humano, es muy posible confrontar las diferentes etapas descritas en el Corán con los datos de la embriología moderna y encontrar concordancia completa entre la ciencia moderna y los versos del Corán referentes a este tema.
La presente confrontación entre el Corán y la ciencia ha sido completada por otras doscomparaciones: una es la confrontación del conocimiento moderno con los datos Bíblicos sobre los mismos temas; y la otra es la comparación desde el mismo punto de vista científico entre los datos del Corán, el Libro de Revelación transmitido por Dios al Profeta, y los datos de los hadith, libros que narran los hechos y dichos de Muhammad y que caen fuera de la Revelación escrita.
Al final de esto, la tercera sección de la presente obra, se dan los resultados detallados de la comparación entre la descripción Bíblica y la Coránica de un mismo evento, junto con una relación de cómo queda el pasaje al someterlo al criticismo científico de cada descripción. Por ejemplo, se han examinado el caso de la Creación y el del Diluvio. En cada caso, las incompatibilidades con la ciencia en la descripción Bíblicase han hecho claras. También es de notarse la completa concordancia entre la ciencia y la descripción en el Corán acerca de ellos. Notaremos precisamente aquéllas diferencias que hacen a una descripción científicamente aceptable hoy en día y a la otra inaceptable.
Esta observación es de primordial importancia, ya que en Occidente, los judíos, cristianos y ateos unánimemente afirman (sin evidencia sin embargo) que Muhammad escribió el Corán o lo hizo escribir como una imitación de la Biblia. Se afirma que las narraciones de la historia religiosa en el Corán se basan en historias Bíblicas. Esta actitud es tan insensata como el decir que el mismo Jesús embaucó a sus contemporáneos al inspirarse en el Antiguo Testamento durante sus sermones: la totalidad del Evangelio de Mateo se basa en esta continuación del AntiguoTestamento, como ya hemos visto por cierto. ¿Qué experto en exégesis soñaría en quitarle a Jesús su posición de enviado de Dios por esta razón? Ésta es, no obstante, la forma en que Muhammad es juzgado muy frecuentemente en el Occidente: «todo lo que él hizo fue copiar la Biblia». Es un juicio resumido que no toma en cuenta el hecho de que el Corán y la Biblia proporcionan diferentes versiones de un mismo evento. La gente prefiere no hablar acerca de la diferencia en las descripciones. Se proclama que son iguales y así el conocimiento científico no necesita ser introducido. Nos explayaremos en estos problemas cuando tratemos acerca de las descripciones de la Creación y el Diluvio.
La colección de hadith es para Muhammad lo que los Evangelios son para Jesús: descripciones de las acciones y dichos del Profeta. Sus autores no son testigos oculares (ni siquiera para las colecciones de hadith que se dice que son las más auténticas y fueron escritas mucho después del tiempo en que Muhammad vivió). Ellos de ninguna manera constituyen libros que contengan la Revelación escrita. Ellos no son la palabra de Dios, sino los dichos del Profeta. En estos libros, que son leídos muy extensamente, se encuentran afirmaciones que contienen errores desde un punto devista científico, especialmente remedios médicos. Nadie puede decir definitivamente, sin embargo, que los dichos atribuidos al Profeta sean auténticos. Naturalmente descontamos cualquier cosa relativa a problemas de tipo religioso, ya que no son discutidos aquí en el contexto de los hadith. Muchos hadith son de autenticidad dudosa: son discutidos por los científicos musulmanes incluso. Cuando la naturaleza científica de alguno de los hadith se discute en la presente obra, se pone en relieve esencialmente todo lo que los distingue del Corán mismo al ser visto desde esta posición, ya que el Corán no contiene ni un solo postulado científico que sea inaceptable. La diferencia, como veremos, es bastante sorprendente.
La observación anterior hace bastante insostenible a la hipótesis propuesta por aquéllos que ven a Muhammad como el autor del Corán. ¿Cómo pudo un hombre,siendo iletrado convertirse en el autor más importante, en términos de mérito literario, de toda la literatura árabe? ¿Cómo pudo luego pronunciar verdades de naturaleza científica que ningún otro ser humano pudo siquiera haber desarrollado en ese tiempo, y todo esto sin cometer el más ligero error en sus pronunciamientos sobre el tema?
Las ideas de este estudio han de ser desarrolladas desde un punto de vista puramente científico. Ellas conducirán a la conclusión de que es inconcebible que un ser humano que vivía en el siglo VII después de Cristo hubiese expresado en el Corán afirmaciones sobre temas muy variados que no pertenecen a su período y que ellas están de acuerdo con lo que iba a ser descubierto hasta varios siglos más tarde. Para mí, no puede haber explicación humana para el Corán.
II. AUTENTICIDAD DEL CORAN. COMO FUE ESCRITO.
Gracias a su indiscutible autenticidad, el texto del Corán tiene un lugar único entre los libros de Revelación, no compartido ni por el Antiguo ni el Nuevo Testamento. En las primeras dos secciones de esta obra, se hizo una revisión de las alteraciones sufridas por el Antiguo Testamento y los Evangelios antes de que llegaran a nosotrosen la forma en la que los conocemos hoy. Lo mismo no es cierto para el Corán por la sencilla razón de que fue escrito en el tiempo del Profeta; veremos cómo fue escrito, es decir, el proceso involucrado.
En este contexto, las diferencias que separan al Corán de la Biblia de ninguna manera se deben a cuestiones esencialmente relativas a fechas. Tales cuestiones son constantemente propuestas por ciertas gentes sin consideración a las circunstancias prevalentes en las épocas cuando las Revelaciones Judeo-cristiana y Coránica fueron escritas; ellos tienen una desconsideración igual para las circunstancias que rodearon a la transmisión del Corán al Profeta. Se sugiere que un texto del siglo VII tenía más posibilidad de llegar a nosotros sin alteración que otros textos que eran hasta 15 siglos más antiguos. Este comentario, aunque correcto, no constituye una razón suficiente; está hecho más para excusar las alteraciones hechas a los textos judeo-cristianos en el transcurso de los siglos que tenía menos que temer de ser modificado por el hombre.
En el caso del Antiguo Testamento, el número evidente de autores que narran la misma historia, más todas las revisiones llevadas a cabo sobre el texto de ciertos libros de la era precristiana, constituyen igual número de razones de inexactitud y contradicción. En cuanto a los Evangelios, nadie puede afirmar que ellos invariablemente contienen relatos fieles de las palabras de Jesús o una descripción de sus actos estrictamente conformes con la realidad. Hemos visto cómo versiones sucesivas de los textos mostraron una falta de autenticidad definitiva y, más aún, quesus autores no fueron testigos oculares.
También debe subrayarse la distinción que hay que hacer entre el Corán, un libro de Revelación escrita, y los hadith, colecciones de relatos acerca de las acciones y dichos de Muhammad. Algunos de los compañeros del Profeta empezaron a ponerlos por escrito desde el momento de su muerte. Como un elemento de error humano pudo haberse colado, la colección tuvo que ser recomenzada más tarde y sometida a criticismo riguroso, así que el mayor crédito se da en la práctica a documentos que llegaron bastante después de Muhammad. Su autenticidad varía, como la de los Evangelios. Ni un solo Evangelio fue puesto por escrito en tiempos de Jesús (todosellos a su fin), y ninguna colección de hadith fue delineada en tiempos del Profeta.
La situación es muy diferente para el Corán. Al ir progresando la Revelación, el Profeta y los creyentes que lo seguían recitaban el texto de memoria y era también puesto por escrito a continuación por los escribanos. Por lo tanto empieza con dos elementos de autenticidad que los Evangelios no poseen. Esto continuó hasta la muerte del Profeta. En una época cuando no todos podían escribir, pero todos podían recitar, la recitación proporcionó una ventaja considerable debido a la posibilidad de doble verificación cuando el texto definitivo fue compilado.
La Revelación Coránica fue hecha por el Arcángel Gabriel a Muhammad. Tuvo lugar abarcando un período de más de 20 años de la vida del Profeta, comenzando con los primeros versos de la sura 96, después recomenzando tras una interrupción de tres años por un largo período de 20 años hasta la muerte del Profeta en el 632 después de Cristo, o sea diez años antes de la égira y diez años después de la Égira.
La siguiente fue la primera Revelación (Corán 96.1-5):
"¡Lee!; En el nombre de tu Señor el cual creó, creó al hombre de un colguijo. ¡Lee! Tu Señor es el más Noble, El que enseñó por medio de la pluma, enseñó al hombre lo que éste no sabía".
El Profesor Hamidullah señala en su Introducción a su traducción francesa del Corán que uno de los temas de esta primera Revelación fue el «elogio de la pluma como un instrumento del conocimiento humano» que «explica el interés del Profeta por la conservación del Corán por escrito».
Los textos prueban formalmente que mucho antes de que el Profeta dejara La Meca por Medina (o sea, mucho antes de la Égira), el texto Coránico revelado hasta entonces había sido puesto por escrito. Veremos cómo el Corán es auténtico en esto. Sabemos que Muhammad y los creyentes que le rodeaban acostumbraban recitar de memoria el texto revelado. Es por lo tanto inconcebible que el Corán refiriera hechos que no cuadraran con la realidad porque 'éstos podían ser verificados tan fácilmente con la gente que seguía al Profeta, preguntando a los autores de la transcripción.
Cuatro suras que datan del período anterior a la Égira se refieren a la escritura del Corán antes de que el Profeta dejara La Meca en el 622 (Corán 80,11-16):
"¡Pero no! Verdaderamente es un mensaje de instrucción - Por lo tanto quienquiera que así lo deseé, que lo recuerde - escrito en páginas honorables, exaltadas, purificadas, por las manos de escribas nobles y justos".
Yúsuf Alí en el comentario a su traducción, 1934, escribió que cuando esta sura fue revelada, otras 42 ó 45 ya habían sido escritas y eran guardadas por los musulmanes de La Meca (de un total de 114):
"No!, ésta es una lectura gloriosa preservada grabada en una tablilla". (Corán 85, 21-22)
"Esto es una lectura gloriosa en un libro bien cuidado, que nadie tocará excepto los purificados. Es una Revelación del Señor de los Mundos". (Corán 56, 77-80)
"Ellos dijeron: 'Son cuentos de los antiguos que él ha hecho escribir y le son dictados por la mañana y por la noche ". (Corán 25,5)
Aquí tenemos una referencia a las acusaciones hechas por los enemigos del Profeta quienes lo trataban como un impostor. Ellos diseminaron el rumor de que le estaban siendo dictadas algunas historias de la Antigüedad y que él las escribía o las hacía transcribir (el significado de la palabra es debatible, pero uno debe recordar que Muhammad era analfabeto). Como sea que fuese, el verso se refiere a este acto de hacer un registro escrito que es señalado por los mismos enemigos de Muhammad.
Una sura que llegó después de la Égira hace una última mención de las páginas sobre las que se escribían estas instrucciones divinas:
"Un mensajero de Dios recitando páginas purificadas en las que hay decretos correctos". (Corán 98,2-3)
El Corán mismo por lo tanto proporciona indicación del hecho de que fue confiado a la escritura en tiempos del Profeta. Es un hecho conocido que había varios escribanos entre sus seguidores, el más famoso de los cuales, Zaid Ibn Thábit, ha dejado su nombre a la posteridad.
En el prefacio a su traducción del Corán al francés, 1971, el Profesor Hamidullah da una descripción excelente de las condiciones que prevalecían cuando el texto del Corán fue escrito, continuando hasta el tiempo de la muerte del Profeta: «Todas las fuentes están de acuerdo en afirmar que cada vez que un fragmento del Corán era revelado, el Profeta llamaba a alguno de sus compañeros educados y se lo dictaba, indicándole al mismo tiempo la posición exacta del nuevo fragmento en la estructura de lo que ya había sido recibido... Las descripciones señalan que Muhammad le pedía al escribano que lo releyera para que el Profeta pudiera corregir cualquier deficiencia... Otra historia famosa cuenta cómo cada año en el mes de Ramadán, el Profeta solía recitar el Corán completo (lo revelado hasta entonces) a Gabriel... que en el Ramadán previo a la muerte de Muhammad, Gabriel se lo hizo recitar dos veces... Es sabido cómo desde el tiempo del Profeta, los musulmanes adquirieron el hábito de mantenerse en vigilia durante el Ramadán, y de recitar el Corán completo en adición a las oraciones comunes que se espera que cumplan. Varias fuentes añaden que el escribano de Muhammad, Zaid, estuvo presente en la recopilación final de los textos. En otras, también se mencionan otras personalidades».
Se usaron materiales sumamente diversos para ese primer registro; pergamino, cuero, tablas de madera, omóplatos de camello, piedra suave para inscripciones, etc.
Al mismo tiempo sin embargo, Muhammad recomendaba a los fieles aprender el Corán de memoria. Ellos hacían esto al menos para partes de él si no para todo al recitar el texto durante las oraciones. Así ellos eran memorizadores del Corán, y había Hafizün que sabían el Corán entero de memoria y lo difundían. El método de preservar doblemente el texto, tanto por escrito como por memorización probó ser sumamente valioso.
No mucho tiempo después de la muerte del Profeta, en 632, su sucesor Abú Bakr, el primer Califa del Islam, pidió al que había sido principal escribano de Muhammad. Zaid Ibn Thábit, que hiciera una copia; lo cual él hizo. A iniciativa de Ornar (el futuro segundo Califa), Zaid consultó toda la información que pudo reunir en Medina (el testimonio de los Háfizün, copias del Libro escritas en diversos materiales pertenecientes a algunos individuos), todo con el objeto de evitar posibles errores en la transcripción. Así fue obtenida una copia sumamente fiel del Libro.
Las fuentes nos dicen que el Califa Ornar, sucesor de Abú Bakr en 634, subsecuentemente hizo un solo volumen (mushaf) que él conservó y dio antes de morir a su hija Hafsa, viuda del Profeta.
El tercer Califa del Islam, Uthmán, el cual tuvo el califato de 644 a 655, confió a una comisión de expertos la preparación de la gran revisión crítica que produjo la recensión que lleva su nombre. Ésta verificó la autenticidad del documento producido bajo Abú Bakr que había permanecido en poder de Hafsa hasta ese tiempo. La comisión consultó a musulmanes que se sabían el texto de memoria. El análisis crítico de la autenticidad del texto fue llevado a cabo muy rigurosamente. La concordancia entre los testigos fue considerada necesaria antes de que el más pequeño verso que tuviese material debatible fuese retenido. Es ciertamente conocido cómo algunos versos del Corán corrigen a otros en el caso de órdenes: esto puede ser inmediatamente explicado cuando uno recuerda que el período de actividad apostólicadel Profeta se extendió más de 20 años (en números redondos). El resultado es un texto que contiene un orden de suras que refleja - así se piensa hoy - el orden seguido por el Profeta en su recitación completa del Corán durante el Ramadán, como se mencionó antes.
Uno quizás podría pensar en los motivos que llevaron a los tres primeros califas, especialmente a Uthmán, a comisionar colecciones y recensiones del texto. Las razones son en realidad muy sencillas: la expansión del Islam en las primerísimas décadas siguientes a la muerte de Muhammad fue ciertamente muy rápida y sucedió entre gentes cuya lengua nativa no era el árabe. Absolutamente tenían que tomarse medidas esenciales para asegurar la difusión de un texto que retuviese su pureza original: la recensión de Uthmán tuvo esto como objetivo.
Uthmán envió copias del texto de la recensión a los centros del Imperio Islámico y es por esto, según el Profesor Hamidullah, que existen en Tashkent y Estambul copias atribuidas a Uthmán. Aparte de uno o dos posibles errores de copia, los más antiguos documentos conocidos hoy en día, que pueden hallarse en todo el mundo Islámico, son idénticos; lo mismo es cierto para los documentos conservados en Europa (hay fragmentos en la Bibliotheque Nationale en París que, según los expertos, datan de lossiglos VIII y IX después de Cristo, o sea de los siglos II y III de la Égira). Los numerosos textos antiguos de los que se conoce su existencia concuerdan todos excepto por variaciones mínimas que no cambian el sentido general del texto en absoluto. Si el contexto a veces permite más de una interpretación, puede tener que ver con el hecho de que la escritura antigua era más sencilla que la actual.
Las 114 suras fueron acomodadas en orden decreciente de longitud; no obstante lo cual hubo excepciones. La secuencia cronológica de la Revelación por lo tanto no fue respetada. En la mayoría de los casos sin embargo, dicha secuencia es conocida. Un gran número de descripciones son mencionadas en varios puntos del texto, a veces dando lugar a repeticiones. Muy frecuentemente un pasaje añadirá detalles a una descripción que aparece en otra parte en una forma incompleta. Todo aquello conectado con la ciencia moderna está, como muchos temas con los que trata el Corán, desparramado a través de todo el Libro sin indicación de clasificación.
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